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Su cubierta es de teja vieja, recuperada de otras cubiertas de edificios ya desgastados por el tiempo, y está coronada por un lucernario de cristal que deja
penetrar la luz en su corazón y en el de aquellos que acceden a su interior.
Sus fachadas, que emergen del terreno, son del color ocre de las tierras que las vieron surgir.
Quedan rasgadas por grandes huecos de composición horizontal que permiten vislumbrar paisajes
inmensos y un mar casi infinito.
En la que mira a poniente se dispone la entrada principal enmarcada por un pórtico de cerchas de madera
que cobijan una sencilla pero hermosa puerta de dos hojas. Puerta que en su día fuera umbral de alguna
noble casa de Ronda. Nobleza obligada por las nobles aspiraciones de los que ahora la habitan. Nobleza
que nos introduce amablemente en el interior.
Materiales cálidos, reforzados con la luz natural que llega sin reparos desde la cúspide y desde los flancos,
provocan un sorprendente doble efecto: el de resguardo, mas propio de un refugio de montaña, y la sensación de
libertad que desprende el elevado horizonte marino. Paradójicamente, aquella nave que vino de de otras galaxias,
parece transformarse en velero mecido por vientos generosos y cambiantes.
También son cuatro las plantas que conforman la construcción. Tanta cuadratura no debe ser casual…
Cuatro niveles con diferentes funciones, bien avenidos para dar sentido a todo el conjunto.
El principal se destina a estancias de avituallamiento y descanso, el superior para albergar
bajo sus techos inclinados a los que dirigirán los designios de sus moradores y los inferiores repletos
de espacios dedicados a servicios e instalaciones.
Los movimientos, siempre presididos por referencias de luz, se producen en torno a la escalera central.
De forma helicoidal y revestida en madera, conecta ágilmente las tres plantas superiores de las cuatro que
conforman ésta construcción. La conexión vertical se completa con una escalera de servicio que llega hasta
el sótano y con el ascensor panorámico interior que enlaza las tres plantas superiores para que nadie quede
marginado de disfrutar de espacios tan acogedores.
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